Hasta siempre, Taty Almeida
- 7 jul
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Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora y una de las imprescindibles de nuestro tiempo, falleció el 14 de junio, a los 95 años, luego de casi tres semanas de internación. Deja una orfandad que resuena profundo en el pueblo argentino. Su vida demostró que la lucha por la justicia también puede ser un acto persistente de esperanza, amor y alegría.
Lidia Estela Mercedes Miy Uranga −Taty Almeida− había nacido en 1930 en el seno de una familia ligada a las Fuerzas Armadas y con una ideología muy conservadora. La tragedia de la desaparición de su hijo la obligó a revisar la tradición familiar y su visión política cambió para siempre cuando empezó a descubrir aspectos de Alejandro que desconocía, a través de sus poemas y de los relatos de sus compañeros y compañeras de militancia. Ella misma decía que, así como había parido a sus tres hijos, Alejandro la había parido a ella.
Referente indispensable de los organismos de derechos humanos en Argentina, fue Madre de Plaza de Mayo desde 1979 e integrante de Línea Fundadora a partir de 1986. Desde entonces, su figura firme y afable y su compromiso con las causas populares recorrieron el mundo.
A su hijo, Alejandro Martín Almeida, de 20 años, lo secuestraron el 17 de junio de 1975 y desde entonces permanece desaparecido. Sí, la cacería ya se había desatado antes del golpe del 24 de marzo del año siguiente. Como tantas otras Madres, murió sin saber qué habían hecho con el cuerpo de Alejandro los criminales que lo desaparecieron. Su deseo había sido poder tocar los huesos de su hijo antes de morir. Taty habría cumplido 96 años el 28 de junio.

En 2019, la Universidad Nacional de las Artes le entregó el título de Doctora Honoris Causa en reconocimiento a su larga trayectoria en la defensa de los derechos humanos y a su incansable trabajo para mantener viva la memoria colectiva en la sociedad argentina y latinoamericana. Esa tarde, el patio de la sede del Departamento de Folklore se llenó de amor con su presencia. Taty dedicó el reconocimiento a todas sus compañeras de lucha, a lxs integrantes de los organismos de derechos humanos, a sus tres hijos −en especial, a Alejandro− y, por supuesto, a lxs 30 mil detenidxs-desaparecidxs.
La UNA despide con profundo dolor a Taty Almeida, esa luchadora incansable que supo transmitir amor y alegría aun en los momentos más adversos; que nunca se cansó y siguió adelante reclamando justicia hasta su último suspiro. Vamos a extrañarla para siempre. Abrazamos a sus familiares y seres queridos, y nos comprometemos a seguir su lucha, que es la lucha de todxs, como ella nos enseñó.
Ya no hay retroceso posible. Que la potencia de esta militante incansable nos ilumine como una llama que no se extinguirá jamás. Como homenaje, tomemos su ejemplo de arrojo, persistencia y valentía. Recojamos sus mismas banderas, sostengámoslas fuerte y bien altas, y avancemos reclamando Memoria, Verdad y Justicia.























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